Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Ya hemos asistido al careo entre los dos presos, como también hemos visto que en aquel momento Athos, que hasta entonces nada dijera, temeroso de que D’Artagnan, cuidadoso a su vez, no tuviese el tiempo que le era menester, habÃa declarado su nombre. Además, el mosquetero añadió que no conocÃa a los esposos Bonacieux, ni habÃa hablado nunca con ellos; que habÃa ido a ver a su amigo D’Artagnan a las diez de la noche, hasta cuya hora permaneció en casa de m. de Tréville, donde habÃa comido, como podÃan aseverarlo muchos testigos de cuenta, entre otros el duque de La Trémouille.
El segundo comisario quedó tan sorprendido como el primero ante la sencilla y firme declaración de Athos, en quien querrÃa haber tomado el desquite que tanto les halaga a los golillas tomar sobre los militares; pero el nombre de m. de Tréville y el del duque de La Trémouille merecÃan reflexión.
Athos fue también enviado al cardenal, pero por desgracia este estaba en el Louvre, junto al rey.
Precisamente aquel era el instante en que el capitán de los mosqueteros, que como tal tenÃa a toda hora acceso en palacio, llegaba a la antecámara de su majestad después de haberse reunido con el juez del crimen y con el gobernador del Forl’Êveque, sin haber podido dar con Athos.