Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Ya conoce el lector cuáles eran las prevenciones del rey contra la reina, prevenciones alimentadas con maña por el cardenal, que en achaque de intrigas desconfiaba infinitamente más de las mujeres que de los hombres.
Una de las causas primordiales de tal prevención era la amistad de Ana de Austria con mm. de Chevreuse. Estas dos mujeres le tenían al rey más en espinas que las guerras con España, las desavenencias con Inglaterra y los apuros de la hacienda. Para él, era artículo de fe que mm. de Chevreuse no solo ayudaba la reina en sus intrigas políticas, sino también, y esto le afligía imponderablemente más, en sus intrigas amorosas.
El rey, al oír de boca del cardenal que mm. de Chevreuse, desterrada en Tours, donde todos tenían por seguro que residía, había estado en París y había desorientado a la policía durante los cinco días que en la ciudad permaneciera, se puso furioso.
La posteridad comprenderá difícilmente el carácter de Luis XIII, que siendo, como era, arbitrario e infiel, tomaba a pecho que le llamaran el Justo y el Casto. La historia no lo explica más que por actos, no por razonamientos.