Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Efectivamente, todos los dÃas preguntaba el rey a Richelieu cuándo se celebrarÃa la proyectada fiesta, y todos los dÃas también, y so cualquier pretexto, el cardenal diferÃa fijarla.
De esta suerte trascurrieron diez dÃas.
Ocho después del que ocurriera la escena que hemos narrado, el cardenal recibió una carta fechada en Londres y que no contenÃa más que estas palabras:
Están en mi poder; pero no puedo ponerme en camino por falta de dinero. Enviadme quinientas pistolas, y a los cuatro o cinco dÃas de haber estas llegado a mis manos, estaré en ParÃs.
El dÃa mismo en que el cardenal recibió la precedente carta, el rey le dirigió su pregunta habitual.
Richelieu contó con los dedos y dijo para sÃ: Milady llegará cuatro o cinco dÃas después de haber recibido el dinero; más cuatro o cinco que este necesita para ir, y otros tantos que debe emplear ella en venir, son diez dÃas, que unidos a todas las contingencias que puedan presentarse, tales como vientos desfavorables, acontecimientos fortuitos y debilidades de mujer, hacen doce, más o menos.
—Bueno, ¿ya habéis hecho vuestros cálculos, duque? —preguntó el rey.