Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Una vez hubo dado las arras, D’Artagnan tomó posesión de su alojamiento y pasó el resto del día en coser a su jubón y a sus calzas unos trozos de pasamanería que a hurtadillas recibiera de su madre, que los había arrancado de un jubón casi nuevo de su marido. Luego se encaminó al quai de la Ferraille para que echaran una nueva hoja a su espada y después se dirigió al Louvre para informarse por boca del primer mosquetero con quien topara dónde estaba el palacio de m. de Tréville. Precisamente el capitán de los mosqueteros vivía en la rue du Vieux Colombier, es decir, en las cercanías de la habitación alquilada por D’Artagnan: circunstancia que a este le pareció de feliz agüero para el buen éxito de su viaje.
Después, y satisfecho de su conducta en Meung, sin remordimientos, confiando en lo presente y henchido de esperanzas, se acostó y se durmió como duermen los valientes.
Aquel sueño, todavía provinciano, le condujo hasta las nueve de la mañana siguiente, hora a la que se levantó para encaminarse a casa del famoso m. de Tréville, tercer personaje del reino según la opinión paterna.