Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Tras estas palabras, el mozo sacó con gran prosopopeya dos escudos de su faltriquera, los dio al mesonero, que le acompañó sombrero en mano hasta la puerta, y se subió de nuevo sobre su caballo amarillo, que sin más contratiempo le condujo hasta la puerta de Saint Antoine de París, donde su dueño lo vendió por tres escudos, cantidad muy exorbitante si se tiene en consideración que D’Artagnan lo había casi reventado durante la última etapa. Y, además, el chalán que lo adquiriera no ocultó al joven que si por el jaco aquel acababa de dar tal fortuna era debido a la originalidad de su pelaje.
D’Artagnan entró pues en París a pie, con su hatillo sobarcado, y anduvo hasta que encontró alojamiento en consonancia con la exigüidad de su caudal.
El alojamiento aquel era una como buhardilla situada en la rue des Fossoyeurs, contigua al Luxembourg.