Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros PLAN DE CAMPAÑA
D’Artagnan se encaminó directamente a casa de m. de Tréville; y es que habÃa reflexionado que antes de poco el cardenal serÃa puesto en autos por este maldito desconocido, al parecer agente suyo, y que, por lo tanto, era preciso no perder segundo.
A D’Artagnan el corazón le reventaba de gozo. Se le presentaba ocasión de adquirir gloria y dinero, y, como primer estÃmulo, aquella ocasión acababa de ligarlo a una mujer que adoraba: contingencia que, de buenas a primeras, hacÃa en su favor más que él no hubiera osado pedir a la Providencia.
Tréville estaba en su salón, rodeado de su corte habitual de hidalgos. D’Artagnan, a quien los criados del capitán conocÃan como familiar del palacio, se encaminó al gabinete de aquel y le hizo pasar recado de que deseaba hablarle de un asunto de importancia.
No hacÃa cinco minutos que el mozo estaba en el gabinete, cuando entró m. de Tréville, que a la primera mirada y en el alegre semblante de aquel, comprendió que, efectivamente, ocurrÃan novedades.