Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¡Bravo, D’Artagnan! Tu consejo es el mÃo —dijo Athos—. Además, hay que ser lógicos: voy a los baños y me acompañáis; pero como soy dueño de ir a tomarlos adonde mejor me pareciere, voy a tomarlos en el mar en vez de tomarlos en Forges. Si pretenden prendernos, exhibo la carta de m. de Tréville, y vosotros mostráis vuestras licencias; si nos atacan, nos defendemos; si nos procesan, sostenemos, sin apearnos de nuestro empeño, que no nos animaba más intención que la de tomar unos baños de mar. Pronto se acaba con cuatro hombres aislados, en tanto que cuatro hombres reunidos hacen tropa. Armaremos de pistolas y mosquetes a los cuatro lacayos; si envÃan contra nosotros un ejército, libraremos batalla, y el que sobreviva llevará, como ha dicho D’Artagnan, la carta a su destino.
—Muy bien —exclamó Aramis—; hablas poco, pero cuando lo haces, tu pico es de oro. Adopto el plan de Athos, ¿y tú, Porthos?
—También, si lo acepta D’Artagnan, pues como portador que es de la carta, queda de jefe natural de la empresa. Lo que él decida lo ejecutaremos.
—Pues decido que adoptemos el plan de Athos y que partamos dentro de media hora —dijo D’Artagnan.
—¡Adoptado! —repitieron a una los tres mosqueteros.