Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Tréville era el amigo del rey, el cual, como es sabido, honraba grandemente la memoria de su progenitor Enrique IV. El padre de m. de Tréville había servido a aquel con tanta fidelidad en sus guerras contra la Liga, que a falta de dinero contante y sonante —de que anduvo toda su vida escaso el bearnés, el cual pagó constantemente sus deudas con lo único que nunca necesitó pedir prestado, es decir, con su ingenio—, le autorizó, después de la rendición de París, para que tomara por escudo de armas un león de oro sobre gules con esta divisa: fidelis et fortis; dicho escudo era mucho por lo que atañe a la honra pero nada por lo que se refiere al bienestar. Así es que cuando el ilustre compañero del gran Enrique murió, por toda herencia legó a su hijo su espada y su divisa. Gracias a este doble legado y al nombre sin mancilla que lo acompañaba, m. de Tréville fue admitido en la casa del joven príncipe, donde sirvió tan bien con su espada y fue tan fiel a su divisa, que Luis XIII, uno de los más consumados espadachines del reino, solía decir: si yo tuviera amigo a punto de batirse, le aconsejaría que me tomase por padrino a mí o a Tréville, y tal vez a éste con preferencia.