Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

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Luis XIII sentía por Tréville verdadero apego, apego real y egoísta, eso sí, pero que no dejaba de ser apego. Y es que en aquellos desventurados tiempos todos ponían su conato en rodearse de hombres del temple de Tréville. Muchos eran los que podían tomar por divisa el epíteto fuerte, que formaba la segunda mitad del exergo; pero pocos nobles estaban en potencia de reclamar el epíteto fiel, que formaba la primera. Tréville pertenecía a estos últimos; era una de esas naturalezas escasas, de inteligencia obediente como la de un dogo, de intrepidez temeraria, de mirada certera y de mano pronta. A Tréville Dios le había dado ojos solo para ver si el rey estaba descontento de alguno, y manos para castigar al molesto, se llamara este Besme, Maurevers, Poltrot de Meré, Vitry o tuviera cualquier otro nombre. Hasta entonces, a Tréville solo le había faltado la ocasión; pero la acechaba, y en su corazón había jurado asirla de sus tres cabellos si se le ponía al alcance de la mano. Luis XIII, pues, nombró a Tréville capitán de sus mosqueteros, los cuales eran para con el rey, por su devoción o más bien por su fanatismo, lo que para Enrique III sus familiares y para Luis XI su guardia escocesa.





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