Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Por su parte y respecto del particular, el cardenal no le iba en zaga al soberano. Al ver el escogido personal con el que Luis XIII se rodeaba, aquel segundo, o hablando con más propiedad, aquel primer rey de Francia quiso también tener su guardia. Así pues tuvo mosqueteros, como Luis XIII tenía los suyos, y se vio a cada una de aquellas dos potencias rivales reclutar para su servicio personal, en todas las provincias de Francia y aun en todos los estados extranjeros, los más célebres espadachines. De ahí que Richelieu y Luis XIII contendieran a menudo, al jugar por la noche al ajedrez, sobre los merecimientos de sus respectivos servidores. Cada uno ensalzaba por su lado la gentileza y el valor de los suyos; y aunque públicamente condenaban los duelos y las riñas, a socapa azuzaban a aquellos y se entristecían hondamente con su derrota o sentían una alegría inmoderada con su victoria. Por lo menos así lo rezan las memorias de un hombre que concurrió a algunas de aquellas derrotas y a muchas de aquellas victorias.