Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Tréville había tomado al rey por su lado flaco, y a esta maña debió el largo y constante favor de un monarca que tiene fama de no haber sido muy fiel a sus amistades. Hacía maniobrar a sus mosqueteros en las barbas del cardenal Armand du Plessis con un ademán burlón que erizaba de cólera los entrecanos bigotes de su eminencia. Tréville entendía a las mil maravillas la guerra de aquel tiempo, en que, cuando uno no vivía a expensas del enemigo, lo hacía a costa de sus paisanos: sus soldados formaban una legión de diablos sueltos que, aparte de a él, no obedecían a rey ni roque.