Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Desaliñados, borrachos, deslenguados, los mosqueteros del rey, o más bien dicho los de m. de Tréville, se desparramaban por figones, paseos y sitios públicos, alborotando y atusándose los mostachos, haciendo sonar sus espadas y complaciéndose en topar con los guardias del cardenal cuando con ellos se encontraban; y como si esto fuese poco, por un quÃtame allá esas pajas tiraban de su acero vomitando al mismo tiempo mil chuscadas. Si alguno de ellos sucumbÃa, estaba seguro de ser llorado y vengado; si mataba, que era lo que con más frecuencia acontecÃa, le cabÃa la certeza de no pudrirse en la cárcel, pues allà estaba m. de Tréville para reclamarlo. No hay que decir pues si el capitán de los mosqueteros era adorado y ensalzado por sus subalternos, que no obstante ser todos ellos hombres de la vida airada, temblaban ante él como escolares ante su maestro, le obedecÃan sin chistar y estaban prontos a sacrificar su vida para lavar la más leve afrenta.