Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Y como he visto la trama, he contestado que vos, al regresar, sentirÃais en el alma no haberos hallado en casa.
»—¿Adónde se ha ido? —me ha preguntado luego m. de Cavois.
»—A Troyes en Champagne —le he respondido.
»—¿Cuándo partió?
»—Anoche».
—Verdaderamente eres hombre de prendas, Planchet —repuso D’Artagnan.
—Es que he comprendido que en el caso de desear vos abocaros con m. de Cavois, siempre era tiempo de desmentirme diciendo que no habÃais partido; y como soy yo quien habrÃa mentido, santas pascuas, pues no siendo noble puedo mentir.
—Nada temas, Planchet, conservarás tu fama de hombre verÃdico: dentro de un cuarto de hora partimos.
—Asà iba yo a aconsejároslo, mi amo; ¿y adónde vamos, si no soy indiscreto?
—A un punto diametralmente opuesto al que tú has dicho. Por otra parte, ¿no sientes tú tanto anhelo por saber de Grimaud, Mousqueton y Bazin, como yo por indagar qué se ha hecho de Athos, Porthos y Aramis?
—Sà anhelo, señor —repuso Planchet—, y en cuanto me lo digáis, con vos me voy; huelo que en este instante el aire de provincias va a sentarnos mejor que el de ParÃs. Conque…