Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —El español a que quiero referirme tenÃa un lacayo que lo habÃa acompañado a México; este lacayo era un paisano mÃo, de manera que amistamos tanto más pronto cuanto su carácter y el mÃo tenÃan más de un punto de contacto. A los dos nos gustaba la caza sobre todas las cosas, de suerte que mi paisano me contó que en las pampas, los aborÃgenes cazan tigres y toros cogiéndolos por el cuello con simples nudos corredizos. Yo, al principio, no quise creer que pudiese llegarse a un grado tal de destreza, porque eso de arrojar a veinticinco o treinta pasos la extremidad de una cuerda, y que la cuerda agarre donde uno quiere, se me resistÃa; pero, ante la evidencia, no me cupo sino callar. Pues sÃ, mi amigo colocaba una botella a treinta pasos, y valiéndose de un nudo corredizo, la cogÃa por el gollete, sin marrar ni una sola vez. Entonces yo me entrené en tal ejercicio, y como la naturaleza no se ha mostrado avara conmigo, hoy arrojo el lazo con tanta destreza como el que más. ¿Comprende ahora vuestra merced? Nuestro posadero posee una bodega muy bien provista, pero de la que lleva siempre la llave en el bolsillo. Sin embargo, como la bodega tiene una lumbrera, por ella hago yo pasar el lazo, y como sé dónde está el rincón de lo bueno, en él pesco. Ahà tiene su merced explicado cómo el Nuevo Mundo está en relación con las botellas de la cómoda y de la papelera. Si ahora quiere su merced catar nuestro vino y decirnos con toda franqueza qué tal le sabe…