Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Como D’Artagnan estaba ya casi tranquilizado respecto de Porthos, y no veÃa la hora de saber de sus otros dos amigos, tendió la mano al enfermo, y le manifestó que iba a ponerse en camino para continuar sus pesquisas, y que como debÃa regresar par la misma vÃa poco más o menos dentro de una semana, de paso lo recogerÃa, si aún se hallaba en la posada.
—Es más que probable que de aquà a entonces mi luxación no me permita aún moverme —respondió—. Además, necesito quedarme en Chantilly para aguardar la contestación de la duquesa.
—Deseo que la contestación sea tan pronta como satisfactoria —dijo D’Artagnan.
Y después de haber encomendado por última vez a Mousqueton que cuidara cariñosamente de Porthos, el mozo satisfizo su gasto al posadero y anudó la marcha en compañÃa de Planchet, desembarazado ya de uno de sus caballos de mano.