Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros »Creo recordar que sentí miedo, palidecí intensamente, me flaquearon las piernas, y no atinando con respuesta alguna, me callé.
»El oficial, que esperaba mi contestación, al ver mi tardanza en hablar se echó a reír, dio media vuelta y entró nuevamente en la casa.
»Yo regresé al seminario.
»Noble como soy de buena cepa, tengo la sangre caliente, como vos podéis haber notado; el insulto era terrible, y por más que me lo infirieron a solas, lo sentía vivir y agitarse en lo más hondo de mi corazón. Entonces dije a mis superiores que no estando suficientemente preparado para la ordenación, que aplazaran un año la ceremonia, como efectivamente lo hicieron, y, puesto de acuerdo con un maestro de esgrima de París, tomé lección diaria por espacio de un año. Al llegar el aniversario del insulto que me infirieran, ahorqué mi sotana, me vestí de caballero y me fui a un baile que daba una dama amiga mía y al cual me constaba que debía concurrir mi insultador. Era en la rue des Francs-Bourgeois, junto a la prisión de la Force. En efecto, allí se hallaba mi oficial; me acerqué a él mientras estaba cantando una romanza de amor y miraba con ojos de ternura a una mujer, y le interrumpí en medio de la segunda estancia.