Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Pero ya es sabido que aquello que despierta la caprichosa imaginación del poeta que no suele impresionar al vulgo. Ahora bien, lo que más nos preocupó, mientras estábamos admirando lo que indudablemente admirarán los demás, esto es, las circunstancias que hemos expuesto, fue una particularidad en la que, sin duda, nadie antes que nosotros habÃa parado mientes.
Cuenta D’Artagnan que la primera vez que estuvo en casa de m. de Tréville, capitán de los mosqueteros del rey, encontró en la antesala a tres jóvenes que servÃan en el célebre cuerpo en que él solicitaba la honra de ser admitido, y que dichos jóvenes se apellidaban Athos, Porthos y Aramis.
A decir verdad, estos tres nombres extranjeros me llamaron grandemente la atención, y lo primero que se me ocurrió fue que tales nombres no eran más que seudónimos tras los cuales D’Artagnan habÃa velado apellidos quizás ilustres, a no ser que quienes semejantes seudónimos ostentaban los hubiesen escogido motu proprio el dÃa en que, por capricho, disgusto o escasez de hacienda, vistieron la sencilla casaca de mosquetero.
Desde entonces no descansé hasta dar, en los libros contemporáneos, con un indicio, por leve que fuese, de aquellos nombres singulares que tanto excitaran mi curiosidad.
