Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros En primer lugar, el billete de D’Artagnan era apócrifo, luego era un atentado contra la delicadeza, y aún, desde el punto de vista de las costumbres de nuestros dÃas, algo asà como una infamia; pero en aquel tiempo no se andaban con tantos miramientos como en la actualidad. Por otra parte, D’Artagnan sabÃa, por boca de la misma milady, que esta era culpada de traición por asuntos más importantes, y por tanto no la apreciaba mucho que digamos. No obstante, pese a la poca estima que le tenÃa, sentÃa una pasión abrasadora por ella, pasión preñada de desdenes, pero pasión al fin y al cabo, o deseo, como se quiera.
La intención de D’Artagnan era muy sencilla: por el dormitorio de su amante llegarÃa al de milady, y se aprovecharÃa del primer instante de sorpresa, de vergüenza o de terror para triunfar con ella; puede también que se estrellase, pero quien no se arriesga no pasa la mar. Solo faltaban ocho dÃas para abrirse la campaña, y era preciso partir, y por lo tanto el mozo no podÃa andarse con rodeos.
—Toma —dijo D’Artagnan, entregando a la doncella el billete cerrado—, da esta carta a milady; es la contestación del conde de Wardes.
La pobre Ketty se puso más pálida que una difunta; y es que sospechó lo que encerraba aquel billete.