Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Escucha, mi querida Ketty —le dijo D’Artagnan—, ya comprendes que es menester que todo esto acabe de una manera o de otra; milady puede descubrir que tú entregaste el primer billete a mi lacayo en lugar de entregarlo al lacayo del conde; que soy yo quien ha abierto los otros que debÃa abrir el conde de Wardes, y entonces te despida, y ya sabes que no es mujer para limitar a eso su venganza.
—¡Ay! —dijo la doncella—. ¿Por quién me he expuesto a todo eso?
—Por mÃ, lo sé, hermosa mÃa —profirió el mozo—, y por eso te estoy tanto más agradecido, palabra.
—Pero en conclusión, ¿qué contiene este billete?
—Ya te lo dirá milady.
—¡Ay! No me amáis —exclamó la doncella—; ¡qué desgracia la mÃa!
Este reproche lleva aparejada una respuesta que las mujeres siempre interpretan en su perjuicio; y D’Artagnan respondió de manera que la muchacha permaneció en el mayor engaño.
Sin embargo, Ketty derramó abundantes lágrimas antes de decidirse a entregar el billete a su ama; pero se decidió, que era lo que D’Artagnan querÃa.