Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Es que el mendigo quiere a toda costa hablar con vos, y pretende que os halagará grandemente verlo.
—¿No ha dicho nada particular para m�
—SÃ, ha dicho, señor, me ha dicho que si vos titubeabais, os manifestase que acababa de llegar de Tours.
—¿De Tours? —exclamó Aramis—; señores, perdonad, pero es probable que el hombre que desea reunirse conmigo me traiga anheladas noticias.
Y, levantándose, se alejó con rapidez. Athos y D’Artagnan se quedaron solos.
—ApostarÃa que esos buenos mozos han salido del mal paso. ¿Qué os parece a vos, D’Artagnan? —preguntó Athos.
—Sé que Porthos estaba en condiciones de conseguirlo; en cuanto a Aramis, si tengo que decir la verdad, nunca me ha causado preocupación; pero vos, mi querido Athos, vos que distribuisteis con tanta generosidad el dinero del inglés, que tan legÃtimamente os pertenecÃa, ¿qué vais a hacer?
—Estoy muy contento de haber matado a aquel tunante, visto que matar ingleses es pan bendito; pero su bolsa me pesarÃa como un remordimiento.
—En verdad, alentáis ideas inconcebibles —dijo el mozo.