Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Al regresar a su alojamiento, D’Artagnan hizo llevar las doce botellas a la cantina de los guardias, recomendando que las guardaran cuidadosamente, y cuando hubo llegado el dÃa de la celebración, a las nueve de la mañana, o sea, tres horas antes de la fijada para la comida, envió a Planchet para que hiciese los preparativos necesarios.
Planchet, henchido de orgullo al verse elevado a la dignidad de maestresala, se tomó a pecho el buen desempeño de su cometido, y a este fin se asoció el servidor de uno de los convidados, un tal Fourreau, y el fingido soldado que intentara asesinar a D’Artagnan y que por no pertenecer a cuerpo alguno habÃa entrado al servicio de nuestro gascón, o más bien al de Planchet, después que aquel le hubo salvado la vida.
A la hora del festÃn llegaron los convidados y se sentaron a la mesa, sobre la que alinearon los manjares. Planchet servÃa con la servilleta al brazo; Fourreau descorchaba las botellas, y Brisemont, que asà se llamaba el convaleciente, trasegaba en garrafitas de vidrio el vino de Anjou, que, al parecer, habÃa formado poso a consecuencia del traqueo del camino. La primera botella de aquel vino estaba un poco turbia al final, y Brisemont, después de escanciar aquellas heces en un vaso, pidió permiso a D’Artagnan para bebérselas, que se lo concedió en vista de que el infeliz estaba aún bastante endeble.