Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —SÃ, porque poseo pruebas.
—Es menester que yo pueda someter esas pruebas a su apreciación.
—¿Qué duda cabe? Y le diréis que publico el informe de Bois-Robert y del marqués de Beautru sobre la entrevista que el duque tuvo en casa de mm. la condestable con la reina, la noche que aquella dio un baile de máscaras; y le diréis también, para que de nada dude, que él asistió a dicho baile disfrazado de gran mogol, esto es, con el traje que debÃa ostentar el caballero de Guise, y que él compró a este último por tres mil pistolas.
—Está bien, monseñor.
—También le diréis que sé ce por be cuanto se refiere a su entrada y su salida durante la noche en que se introdujo en palacio disfrazado de adivino italiano; y para que tampoco ponga en tela de juicio la autenticidad de mis informes, añadiréis que debajo de su capa llevaba una gran túnica blanca rociada de lágrimas negras, calaveras y tibias cruzadas, para, en caso de sorpresa, hacerse pasar por la fantasma de la Dame Blanche que, como es sabido, reaparece en el Louvre cada vez que tiene que ocurrir algo de gran trascendencia.
—¿Nada más, monseñor?