Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Mientras iba andando y hablando consigo mismo, D’Artagnan pasó a poca distancia del palacio de Aiguillon, a la puerta del cual estaba Aramis, conversando alegremente con tres hidalgos de la guardia real. Aramis vio a D’Artagnan; pero como recordaba que ante este les habÃa echado por la mañana m. de Tréville la tremenda filÃpica de marras, y como no le agradaba lo más mÃnimo la presencia de un testigo de los reproches que los mosqueteros recibieran, hizo que no lo veÃa. D’Artagnan, al contrario, entregado en cuerpo y alma a sus planes de conciliación y cortesÃa, se acercó a los cuatro jóvenes y les hizo una gran reverencia, acompañada de la más afable sonrisa. Aramis inclinó ligeramente la cabeza, pero sin sonreÃrse.