Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No hay que decir que los cuatro interlocutores interrumpieron al instante su conversación. D’Artagnan no era tan inocente como para no comprender que allí estaba de más; pero aun no conocía lo bastante el trato de la gente lucida para salir hábilmente de una situación irregular como suele serlo la del hombre que se introduce entre gentes a quienes apenas conoce y mete baza en una conversación que no le atañe. Buscaba pues el mozo, allá en su imaginación, el modo de retirarse lo menos malamente posible, cuando notó que Aramis había dejado caer su pañuelo y, sin duda por inadvertencia, puesto el pie sobre él, le pareció llegado el momento de reparar su torpeza. Se agachó entonces D’Artagnan y con el ademán más afable que supo, sacó el pañuelo de debajo del pie del mosquetero, pese a la fuerza que este hacía para sujetarlo, y se lo entregó diciéndole:

—Caballero, me parece que esta es una prenda que sentiríais grandemente perder.

El pañuelo estaba, en efecto, ricamente bordado y ostentaba una corona y un escudo en uno de sus picos.

Aramis, hecho un ascua, arrancó más que tomó el pañuelo de manos del gascón.

—¡Ja! ¡Ja! —exclamó uno de los guardias—. ¿Te atreverás a sostener todavía, discreto Aramis, que estás mal con mm. de Bois-Tracy, cuando esa bondadosa dama tiene la galantería de prestarte sus pañuelos?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker