Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Monseñor —repuso m. de Tréville—, en esto habrá una injusticia para los guardias; m. D’Artagnan no sirve en mi compañÃa, sino en la de m. Des Essarts.
—Pues tomadle —dijo Richelieu—, no es justo que esos cuatro valerosos militares que se quieren tanto no sirvan en una misma compañÃa.
Aquella misma noche, m. de Tréville anunció esta buena nueva a los tres mosqueteros y a D’Artagnan, y les convidó a los cuatro a almorzar con él al dÃa siguiente.
D’Artagnan estaba loco de alegrÃa. Ya sabe el lector que el sueño dorado del gascón era ser mosquetero.
La satisfacción de Athos, Porthos y Aramis fue también muy grande.
—Por mi fe que has tenido una idea magnÃfica —dijo D’Artagnan a Athos—, y como tú mismo has manifestado, en la empresa hemos conquistado gloria y, a la vez, entablar una conversación de la más alta importancia.
—Que ahora podremos anudar sin que levante las sospechas de nadie, porque con la ayuda de Dios en adelante vamos a pasar por cardenalistas.
La misma noche, D’Artagnan fue a presentar sus respetos a m. Des Essarts y a notificarle el ascenso que habÃa obtenido.