Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros D’Artagnan y Athos cruzaron una mirada en silencio. Por fin, Athos, después de haber considerado en su corazón, y poniéndose todavÃa más pálido que de costumbre, hizo una señal de aquiescencia, por la cual el gascón comprendió que podÃa hablar.
—Pues bien —repuso D’Artagnan—, hay que decir lo siguiente: «Milord: vuestra cuñada es una infame, que ha intentado haceros dar la muerte para heredaros. Pero como no podÃa tomar por esposo a vuestro hermano por estar ya casada en Francia, y por haber sido…».
D’Artagnan se interrumpió, como si buscase el vocablo, y miró a Athos.
El cual dijo:
—Arrojada del domicilio conyugal por su marido.
—A causa de estar estigmatizada —continuó D’Artagnan.
—¡Es imposible! —exclamó Porthos—. ¿Ella ha intentado hacer matar a su cuñado?
—SÃ.
—¿Estaba casada? —preguntó Aramis.
—SÃ.
—¿Y su marido descubrió que ella tenÃa una flor de lis en el hombro? —repuso Porthos.
—SÃ.
Estas tres afirmaciones las habÃa proferido Athos con entonación cada vez más lúgubre.
—¿Y quién ha visto esa flor de lis?