Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Milady tuvo por más verosÃmil esta última suposición, y por tanto le pareció que el propósito no era el de precaverse contra el porvenir, sino el de vengarse de su pasado. Sin embargo, y fuese lo que fuere, preferÃa haber caÃdo en poder de su cuñado, a quien contaba vencer, con facilidad, que en manos de un enemigo personal e inteligente.
—SÃ, conversemos, hermano mÃo —profirió con cierta jovialidad lady Clarick, resuelta a sacar de la conversación, pese al disimulo de que en ella pudiese valerse lord Winter, todas las aclaraciones que le eran menester para regular su conducta venidera.
—¿Conque os habéis decidido a volver a Inglaterra —dijo lord Winter— a pesar de haberme manifestado repetidas veces en ParÃs que nunca jamás volverÃais a sentar la planta en el territorio de la Gran Bretaña?
—Ante todo —profirió milady, respondiendo a la pregunta con otra pregunta—, decidme cómo me habéis hecho espiar con tal severidad para estar advertido de antemano no solo de mi llegada, mas también del dÃa, de la hora y del puerto en el que yo llegarÃa.
—Primero decidme vos, mi querida hermana, qué venÃs a hacer en Inglaterra —exclamó lord Winter, que adoptó la misma táctica que milady, suponiendo que, dado que esta la empleaba, debÃa ser la mejor.