Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Por el momento —continuó lord Winter—, viviréis en este castillo, que tiene gruesos los muros, robustas las puertas y firmes los enrejados; por otra parte, la ventana de este aposento da perpendicularmente en el mar. Los hombres de mi tripulación montan la guardia en torno de esta pieza, y vigilan todos los pasos que conducen al patio, una vez en el cual, dado que consiguieseis llegar a él, todavÃa tendrÃais que atravesar tres rejas. La consigna es terminante: si dais un paso, si hacéis un ademán, si proferÃs una palabra que simule una evasión, harán fuego sobre vos, y si os matan, es seguro que la justicia inglesa me agradecerá el haberle ahorrado trabajo. ¡Ah! ¡Vuestras facciones recobran la calma, reaparece la confianza en vuestro rostro! Ya, ¡quince o veinte dÃas!, os decÃs. ¡Bah! Tengo mucha inventiva, y de aquà a entonces se me ocurrirá alguna idea; tengo el instinto infernal, y hallaré alguna vÃctima. Dentro de quince dÃas, os decÃs, estaré fuera de aquÃ. ¡Ah! Intentadlo.
Milady, al ver que su interlocutor habÃa adivinado su pensamiento, se clavó las uñas en las carnes para domeñar toda manifestación que pudiese haber dado a su fisonomÃa otra significación que la de la angustia.