Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —El oficial que manda aquà en mi ausencia —prosiguió el barón— es el que ya habéis visto; si sabe o no cumplir con la consigna, vos misma lo habéis observado, porque vos no habéis venido de Portsmouth aquÃ, que os conozco, sin haber intentado hacerle hablar. ¿Qué os parece? ¿HabrÃa permanecido más impasible y más muda una estatua de mármol? Vos habéis probado ya el poder de vuestros atractivos en muchos hombres, y por desgracia habéis triunfado siempre; pero probadlo en ese, y vive Dios que si conseguÃs encandilarlo, os tendré por el mismÃsimo demonio.
Lord Winter se encaminó a la puerta y, abriéndola de un voleo, dijo:
—A m. Felton, que suba.
Y, volviéndose hacia milady, añadió:
—Un instante más; voy a recomendaros a él.
Los dos personajes guardaron un silencio extraño, durante el cual se oyó un ruido de pasos lentos y cadenciosos que fueron acercándose. Poco después y en lo oscuro del corredor se dibujó una forma humana, y el joven teniente con quien ya hemos entablado conocimiento se detuvo al umbral, aguardando las órdenes del barón.
—Entrad, mi querido John —dijo lord Winter—, entrad y cerrad la puerta.
El joven oficial entró.