Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros TERCER DÍA DE CAUTIVERIO
Felton había entrado en el aposento; pero esto no era bastante: urgía retenerlo, y mejor aun, que se quedase solo. Sin embargo, milady aún no veía sino muy confusamente el medio que debía conducirla a este fin.
Era menester más todavía: era preciso hacer hablar al teniente, para hablarle también a él; porque milady sabía que su más poderosa seducción estaba en su voz, que tan hábilmente recorría toda la gama de los tonos, desde el lenguaje humano hasta el de los ángeles.
No obstante, pese a esta seducción, milady podía estrellase contra el más leve contratiempo, pues Felton estaba prevenido.
Desde aquel momento, milady puso sumo cuidado en todas sus acciones, en sus palabras, hasta en sus más sencillas miradas, como en sus ademanes y en su respiración, que podía ser interpretada como un suspiro. En una palabra, lo estudió todo, como hace un hábil comediante a quien acaban de confiarle un papel al que no está acostumbrado.
Su conducta con lord Winter no ofrecía tales dificultades; desde la víspera, milady había resuelto permanecer muda y digna en su presencia, y de tiempo en tiempo irritarle con un desdén fingido, o una frase de desprecio, y excitarle a amenazas y a violencias que hiciesen contraste con su resignación.