Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Puede que Felton no dijese nada, pero al menos lo presenciaría todo.
Por la mañana, el teniente vino como de costumbre, pero milady le dejó dirigir los preparativos del almuerzo sin dirigirle la palabra.
En el momento de retirarse Felton, lady Clarick vislumbró una esperanza, le pareció que aquel iba a hablar; pero no, el joven se limitó a mover los labios sin proferir sonido alguno, hizo un esfuerzo sobre sí mismo para encerrar en su corazón las palabras ya próximas a escapársele de la boca, y salió.
A eso de mediodía entró lord Winter.
El día, aunque de invierno, era hermoso; a través de los barrotes de la ventana, penetraba en el aposento un rayo de ese pálido sol de Inglaterra que alumbra, pero no calienta.
Milady estaba junto a la ventana, mirando el mar, e hizo como si no hubiese oído abrir la puerta.
—¡Ah! —exclamó lord Winter—. ¿Conque después de haber representado la comedia y la tragedia, representáis ahora la melancolía?
Lady Clarick no respondió.