Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Comprendo —continuó lord Winter—; querrÃais veros libre en esa playa; hender las olas de ese mar de esmeralda, a bordo de una velera nave, y, en tierra o en el mar, armarme una celada como vos sabéis combinarlas. ¡Paciencia! ¡Paciencia! Dentro de cuatro dÃas podréis pisar la playa, y el mar os será abierto más que vos no quisierais; dentro de cuatro dÃas Inglaterra se verá libre de vos.
—¡Señor! ¡Señor! —profirió milady, enclavijando los dedos, fijando en el cielo sus hermosos ojos y con voz y ademán angelicales—, perdonad a ese hombre como yo le perdono.
—Puedes orar, maldita —exclamó lord Winter—, tu oración es tanto más generosa cuanto estás en poder de un hombre que, te lo juro, no te perdonará.
Tras estas palabras, el barón salió del aposento.
En aquel mismo instante, milady dirigió una penetrante mirada a través de la entreabierta puerta, y vio a Felton, que se hacÃa rápidamente a un lado para no ser visto por de ella.
—¡Dios mÃo! ¡Dios mÃo! —dijo milady, arrodillándose y poniéndose a orar—, vos que sabéis por qué santa causa sufro, dadme fuerzas para soportar mis tormentos.