Napoleon
Napoleon El futuro Emperador, ausente dos años, había hecho en este tiempo ciento cincuenta mil prisioneros, tomado ciento setenta banderas, quinientos cincuenta cañones, seiscientas piezas de campaña, nueve navíos de sesenta y cuatro cañones, doce fragatas de treinta y dos, doce corbetas y dieciocho galeras.
Además, habiéndose llevado diez mil luises de Francia, como ya hemos dicho, hizo numerosos envíos de dinero que ascendieron a cerca de cincuenta millones; de modo que contra todas las tradiciones antiguas y modernas, el Ejército era el que había alimentado a la patria.
Con la paz, Bonaparte presintió llegar el término de su carrera militar y no pudiendo permanecer ocioso, ambicionó la plaza de uno de los dos directores que iban a salir; pero desgraciadamente no tenía más que veintiocho años, y esto era una violación tan grande y tan prematura de la Constitución del año III, que ni siquiera se atrevió a proponerlo. Volvió, pues, a su casita de la calle Chantereine, con la idea fija de luchar de antemano contra un enemigo más terrible que todos aquellos a quienes combatiera: el olvido.
—París tiene una memoria infame, decía, y si permanezco largo tiempo ocioso, soy hombre perdido. En esta gran Babilonia, una gloria es reemplazada muy pronto por otra; y basta que me hayan visto tres veces en el teatro para que nadie me mire más.