Napoleon
Napoleon En ese momento, Bonaparte ordenó una nueva maniobra suficiente para que todo concluyera: los cuadros se abrieron, se unieron después y se soldaron como los anillos de una gran cadena. Mourad y sus mamelucos se vieron así cogidos entre sus propios atrincheramientos y la línea francesa: el jefe de los mamelucos comprendió que la batalla había terminado. En consecuencia, reunió a todo los hombres que le quedaban y entre aquella doble línea de fuego, al galope aéreo de sus caballos, se lanzó agazapado por el hueco que la división Desaix dejaba entre ella y el Nilo. Después pasó como una centella bajo la última descarga de nuestros soldados, penetró en el pueblo de Guiza y salió a los pocos segundos por la parte contraria, retirándose hacia el alto Egipto con el resto de su ejército: doscientos o trescientos jinetes.
Había abandonado en el campo de batalla tres mil hombres, cuarenta piezas de artillería, cuarenta camellos cargados, sus tiendas de campaña, sus esclavos y sus caballos. Aquella rica llanura, cubierta de oro, de cachemira y de seda, quedó a disposición de los soldados vencedores, que hicieron un inmenso botín, pues todos aquellos mamelucos llevaban las armas más ricamente adornadas e iban engalanados con todo tipo de alhajas de oro y plata.