Napoleon
Napoleon El hijo del desierto lo profetizó: pocos días después, Bonaparte llega, y después de tres horas de combate, los turcos dan principio a la retirada y al fin emprenden la fuga. Mustafá-Bajá entrega con una mano ensangrentada su sable al general Murat; doscientos hombres se rinden con él, dos mil se hallan tendidos en el campo de batalla y diez mil se han ahogado, veinte cañones, las tiendas de campaña y los bagajes quedan en manos francesas; el fuerte de Aboukir se toma de nuevo; los mamelucos son rechazados hasta más allá del desierto y los ingleses y los turcos han ido a refugiarse a sus barcos. Bonaparte envía un parlamentario al buque almirante para negociar la libertad de los prisioneros, que le es imposible conservar en su poder y que juzga inútil fusilar como en Jaffa: en cambio, el almirante envía a Bonaparte vino, frutas, y la Gazzete de Francfort del 10 de junio de 1799.
Desde el mes de junio de 1798, es decir, hace más de un año, Bonaparte no ha recibido noticias de Francia; fija su vista en el diario, lo recorre rápidamente, y exclama:
—Mis presentimientos no me han engañado, Italia se ha perdido; es preciso que vaya en persona inmediatamente.