Napoleon
Napoleon De regreso en Portoferraio, después de haber visitado hasta la última aldea y dado en todas partes a los habitantes pruebas de solicitud, se ocupó en organizar su Corte y en aplicar las rentas públicas a las más urgentes necesidades. Estas rentas se componían de las minas de hierro, de las que se podía sacar un millón anual; de la pesca del atún, que estaba arrendada por cuatrocientos a quinientos mil francos; de las salinas, cuya explotación, concedida a una sociedad, podía producir, poco más o menos, la misma suma, y en fin, del impuesto territorial y de algunos derechos de aduanas. Todos estos productos, unidos a los dos millones que había conseguido llevarse de Francia, podían formarle unos cuatro millones y medio de renta.
Napoleón solía decir a menudo que jamás había sido tan rico.
Había dejado la casa ayuntamiento para ir a vivir a una bonita casa que llamaba pomposamente su «palacio». Esta casa estaba situada en una peña, entre el fuerte Falcone y el de la Estrella, en un baluarte llamado Baluarte de los Molinos; que consistía en dos pabellones unidos por un edificio. Desde sus ventanas se veía la ciudad y el puerto, tendidos a sus pies, de suerte que ningún objeto nuevo podía escapar a la mirada del nuevo dueño.