Napoleon
Napoleon El primer pensamiento que se le cruzó a Napoleón fue que estos rumores los difundían sus mismos enemigos para obligarle a llevar a cabo cualquier acto de desesperación que permitiera violar las promesas que se le habían hecho. Seguro de ello, hizo salir para Viena un agente discreto y fiel, con el encargo de averiguar qué crédito podía dar a los avisos que le habían dado. Éste fue recomendado al príncipe Eugène de Beauharnais, que, hallándose a la sazón en Viena y gozando de la confianza del emperador Alejandro, debía de saber lo que pasaba en el congreso. El espía de Napoleón recopiló en poco tiempo todos los datos necesarios y se los comunicó inmediatamente. Organizó, además, una correspondencia activa y segura, por la cual Napoleón podía estar al corriente de todo lo que pasaba.
Además de esta correspondencia con Viena, el Emperador nunca había perdido comunicaciones con París, y cada noticia que le llegaba le indicaba que iba surgiendo un poderoso movimiento rebelde contra los Borbones.
Colocado en esta doble posición, se le ocurrieron entonces las primeras ideas del gigantesco proyecto que no tardó en poner en marcha.