Napoleon
Napoleon La Emperatriz madre y la princesa Paulina contemplaban, llorando, esta escena desde las ventanas del palacio.
A las siete quedaba terminado el embarque.
A las ocho Napoleón se embarcó en una canoa y a los pocos minutos estaba a bordo del Inconstant. En el momento en que puso el pie en él, resonó un cañonazo: era la señal de partida.
Al punto zarpó la escuadrilla y con un viento sudsudeste bastante fresco, salió de la rada, después del golfo, dirigiéndose hacia el nordeste y costeando a cierta distancia las playas de Italia.
En el mismo momento en que la escuadrilla se daba a la vela, varios emisarios partían para Nápoles y Milán, mientras que un oficial superior marchaba a Córcega, con la misión de intentar allí un levantamiento que deparase un refugio al Emperador en caso de que fracasara su empresa en Francia.
El 27, al rayar el día, todos subieron sobre cubierta para averiguar cuánto se había avanzado durante la noche: cuán grande fue su asombro al comprobar que a lo sumo se habían navegado seis leguas; pues no bien doblaron el cabo de San Andrés cuando aflojó el viento, sucediéndole una calma desesperanzadora.
Cuando el sol iluminó el horizonte, se divisó al Oeste en las costas de Córcega dos fragatas francesas que cruzaban aquel mar: La fleur de lys y la Melpomène.