Napoleon
Napoleon Al reconocerse, los dos bergantines se saludaron según costumbre, y sin dejar de proseguir su marcha, cambiaron algunas palabras. Los dos capitanes se preguntaron recíprocamente cuál era el punto de destino: el capitán Andrieux contestó que iba a Liorna; la respuesta del Inconstant fue que iba a Génova y que aceptaría de buen grado cualquier encargo para aquel puerto. El capitán Andrieux dio las gracias y preguntó que cómo seguía el Emperador; entonces Napoleón no pudo resistir al deseo de mezclarse en una conversación tan interesante, tomó como portavoz al capitán Chotard, y contestó:
—¡A las mil maravillas!
Terminado este intercambio de cumplidos, los dos bergantines continuaron su rumbo, perdiéndose recíprocamente en las tinieblas nocturnas.
Siguieron navegando a toda vela y con un tiempo muy fresco, de suerte que al día siguiente, el 28, se dobló el cabo Córcega. Aquel día se avistó también a lo lejos un buque de guerra de 74, que se dirigía a Bastia; pero no causó ninguna zozobra. Desde el primer momento dio a entender que no tenía malas intenciones.