Napoleon
Napoleon Esa misma noche, Napoleón se ocupa en reorganizarlo todo. Cambaceres fue nombrado ministro de Justicia; el duque de Vicenza, de Negocios Extranjeros; el mariscal Davoust, de Guerra; el duque de Gaeta, de Hacienda; Decres, de Marina; Fouché, de Policía; Carnot, del Interior; el duque de Bassano fue nombrado de nuevo para la secretaría de Estado; el conde Mollien, para Tesorería; el duque de Rovigo, para comandante general de la Gendarmería; M. de Montalivet, intendente de Palacio, Letort y Labedoyere ascendieron a generales; Bertrand y Drouot conservaron sus puestos de gran mariscal de palacio y mayor general de la Guardia. Finalmente se llamó a todos los chambelanes, caballerizos y maestros de ceremonias de 1814.
El 26 de marzo, todas las grandes corporaciones del Imperio fueron llamadas a jurar a Napoleón los votos de Francia.
El 27, se hubiera dicho que los Borbones no habían existido jamás y que toda la nación creía haber tenido un mal sueño del que se habían despertado.
En efecto, la revolución había concluido en un día sin derramar una sola gota de sangre. Aquella vez nadie tenía que echar en cara a Napoleón la muerte de un padre, de un hermano o de un amigo. Los únicos cambios visibles que hubo fue el de los colores de las banderas y que los gritos de «¡Viva el Emperador!» resonaban de un extremo a otro de Francia.