Napoleon
Napoleon Entretanto la nación, ufana del gran acto de espontaneidad que acababa de realizar, de la magnitud de la empresa que habían acometido tan bien juntos, parecía borrar los reveses de los tres últimos años y estaba jubilosa porque Napoleón hubiera vuelto a ocupar el trono.
Napoleón examina el estado de las cosas y recapacita. Ante él se abren dos caminos:
Intentar la paz, preparándose para la guerra, o comenzar la guerra con uno de esos golpes imprevistos, fulminantes, que han hecho de él el Júpiter tonante de Europa.
Ambas acciones tienen sus inconvenientes.
Intentarlo todo por la paz es dar tiempo a los aliados para prepararse: calcularán sus soldados y los compararán con que dispone Napoleón: tendrán así tantos ejércitos como las divisiones francesas; resultando una desigual batalla de uno contra cinco. Pero, ¡qué demonios!, más de una vez habían vencido en esa situación.