Napoleon
Napoleon Comenzar la guerra es dar razón a los que dicen que Napoleón no busca la paz. Además, no puede disponer más que de cuarenta mil hombres. Es verdad que bastan para reconquistar Bélgica y entrar en Bruselas; mas al llegar a esta capital, se encontrará encerrado en un círculo de plazas fuertes que será preciso rendir una tras otra. Maestricht, Luxemburgo y Amberes no son de esas bicocas que se arrebatan de un solo golpe. Aparte de esto, Vandea se subleva, el duque de Angulema marcha sobre Lion y los marselleses sobre Grenoble. Hay que atajar a tiempo esta convulsión nacional que atormenta a Francia para que se presente ante el enemigo con toda su pujanza y toda su fuerza.
Napoleón se decide por la primera de estas dos opciones. La paz, que fue rechazada en Châtillon en 1814 después de la invasión de Francia, puede ser aceptada en 1815 después de su regreso de la isla de Elba. Es posible detenerse cuando se sube, nunca cuando se baja.
Para demostrar a la nación su buena voluntad, dirige esta circular a los soberanos de Europa:
Señor y hermano mío: