Napoleon
Napoleon El plan de la batalla queda trazado: Napoleón dirige en todas direcciones sus órdenes, continúa examinando el terreno e interrogando a los espÃas. Está seguro de conocer perfectamente la posición del enemigo y de que éste, en cambio, ignora la suya. Cuando de pronto llega al galope un ayudante del general Gérard, trayendo la noticia de que el teniente general Bourmont y los coroneles Clouet y Willoutrey se han pasado al enemigo. Napoleón lo escucha con la tranquilidad del hombre acostumbrado a las traiciones y volviéndose a Ney, que está de pie junto a él, le dice:
—Ya lo oÃs, mariscal; se trata de vuestro protegido, en el que yo no tenÃa ninguna confianza, del que me habéis respondido y al que he concedido un puesto en consideración. Ya lo veis, se ha pasado al enemigo.
—Señor —le contestó el mariscal—, perdonadme; pero le creÃa tan leal que habrÃa respondido de él como de mà mismo.
—Señor mariscal —replicó Napoleón levantándose y poniéndole una mano en el brazo—, los azules siempre son azules y los blancos, blancos.
Con la misma tranquilidad, vuelve a sentarse y hace en su plan de ataque las modificaciones que esta defección exige.