Napoleon
Napoleon No se acaba de dar la orden, cuando se ejecuta un nuevo movimiento. Tres mil hombres de caballería salen repentinamente en diagonal, se desarrollan como una inmensa cinta, serpentean un momento por las líneas del ejercito y, luego, escapándose por la extrema derecha francesa, avanzan rápidamente y se forman como para una parada, a unas tres mil toesas de su punto de partida.
Mientras se ejecuta este movimiento, que por su precisión y por lo vistoso ha distraído un momento la atención de lo que pasa en el bosque de Goumont, donde continúa el fuego de artillería, un oficial de cazadores lleva a presencia de Napoleón un húsar prusiano, al que se acaba de coger prisionero en un reconocimiento entre Wavre y Plancenoit. Este húsar es portador de una carta del general Bulow, que anuncia a Wellington que llega por Saint-Lambert y le pide sus órdenes. Además de esta explicación, que disipa todas las dudas relativas a las masas de tropas que se descubren en el horizonte, el prisionero da nuevos informes, a los que hay que dar crédito por increíbles que parezcan. Y es que, esa misma mañana, los tres cuerpos del ejército pruso-sajón, estaban en Wavre sin que Grouchy los hubiera molestado: no hay ningún francés a la vista, ya que una patrulla de su regimiento, al hacer un reconocimiento, ha avanzado hasta dos leguas de Wavre sin encontrar nada.
Napoleón se vuelve al mariscal Soult y le dice: