Napoleon
Napoleon En ese momento, Blücher ha llegado al caserío de Haie y arrojado de él a los dos regimientos que lo defienden. Estos, que por espacio de media hora han hecho frente a diez mil hombres, se ponen en retirada; pero Blücher llama seis mil hombres de caballería inglesa que guardan la izquierda de Wellington y que son ya inútiles desde el momento en que esta izquierda está ocupada por los prusianos. Estos seis mil hombres, que llegan mezclados con aquellos a quienes persiguen, abren un hueco horrible en el corazón del ejército mismo. Cambronne se arroja entonces con el segundo batallón del primer regimiento de cazadores entre la caballería inglesa y los fugitivos, forma el cuadro y protege la retirada de los demás batallones de la guardia. Este batallón atrae para sí todo el choque y se ve rodeado, apretado, atacado por todos lados. Entonces es cuando Cambronne, a quien se le conmina para que se rinda, contesta no con la frase florida que se le ha atribuido, sino una sola palabra, palabra de cuerpo de guardia, pero a la cual su energía no quita nada de su sublimidad. Casi al punto, cae del caballo, derribado por un casco de metralla que le hiere en la cabeza.