Napoleon
Napoleon En el mismo instante Wellington hace avanzar toda su extrema derecha, de la que puede disponer, y que a causa del movimiento francés, ya no hay nada que la contenga, y tomando a su vez la ofensiva, la lanza como un torrente desde las alturas de la meseta. Esta caballería envuelve los cuadros de la guardia, a la que no se atreve a atacar, luego da media vuelta a la derecha y embiste a nuestro centro más abajo de la Haie-Sainte. Entonces se sabe que Bulow rebasa la extrema derecha francesa, que el general Duhesme está peligrosamente herido y, en fin, que Grouchy, con el cual se contaba, no acaba de llegar. El fuego de fusilería y de cañón estalla a quinientas toesas a nuestra retaguardia: Bulow nos ha desbordado. Resuena el grito de «¡Sálvese quien pueda!» Y comienza la derrota. Los fugitivos desorganizan los batallones que se sostienen todavía. Napoleón, en el momento de quedar envuelto, se encierra en el cuadro de Cambronne con Ney, Soult, Bertrand, Corbineau, Flahaut, Gourgand y Labédoyère, que se encuentran sin soldados. La caballería multiplica sus cargas. La artillería inglesa barre todo el llano desde la cresta de sus alturas; la francesa, que ya no tiene quien la sirva, permanece callada; aquello no es ya un combate, es una carnicería.