Napoleon
Napoleon Alexandre Dumas acaba su biografía con la estancia de Napoleón en Santa Helena y su muerte en ella el 5 de mayo de 1821. Exactamente termina contando que en el momento en que se iba a grabar en una lápida el nombre del emperador, el gobernador británico sir Hudson Lowe dijo, en nombre de su gobierno, que no se podía poner en la tumba más inscripción que la siguiente: «El General Bonaparte». Éste era el personaje que, diecinueve años después, triunfalmente volvía a París. Así, para dar a conocer al público lector las hazañas de tan excepcional general, el autor del El Conde de Montecristo le puso al libro un título aún más corto: Napoleón.
Desde luego, la redacción de esta biografía, en cuanto proyecto editorial concluido en 1739, suscitó escaso entusiasmo en el autor, que muchos años después reconocerá en su última novela: «Esperaba verlo desplegar en este episodio [la batalla de Waterloo] toda la pujanza de su talento, toda la energía de su pensamiento y de su estilo… Nada. Me ha parecido estar leyendo 10 páginas de las Victorias y conquistas bien escritas y bien juzgadas», escribe Marco de Sainte-Hermine, que será una de las fuentes del segundo volumen de El caballero de Sainte-Hermine.