Napoleon
Napoleon —Haced con cuidado —le decÃa—, el examen anatómico de mi cuerpo y sobre todo del estómago. Los médicos de Montpellier me dijeron que la enfermedad del pÃloro era hereditaria en mi familia. Creo que Luis conserva su informe; pedÃdselo, comparadlo con lo que observéis en mÃ. Quizá se pueda, por lo menos, salvar a mi hijo de esta cruel enfermedad…
La noche la pasó bastante bien pero a la mañana siguiente sobrevino de nuevo el delirio con mayor fuerza. Sin embargo, a eso de las ocho perdió algo de su intensidad; y a las tres el enfermo recobró la razón. Se aprovechó de ello para llamar a sus ejecutores testamentarios y les ordenó que, en caso de que perdiera totalmente el conocimiento, no permitieran que se acercase a él ningún médico inglés, a excepción del doctor Arnott. Luego añadió, en toda la plenitud de su razón y en todo el poder de su genio: