Napoleon
Napoleon Al día siguiente, la nieve se derritió, pero aquel nuevo divertimento dejó una profunda huella en la memoria de sus compañeros, que ya de mayores, recordaron aquel juego de niños en el que Buonaparte derribaba las murallas de nieve, como las de tantas ciudades lo serían al paso de Napoleón.
A medida que el joven crecía, las primitivas ideas que en cierto modo había traído en germen se desarrollaron, mostrando los frutos que algún día iban a producir. La sumisión de Córcega a Francia, que le hacía parecer a él, su único representante en el colegio, un vencido en medio de vencedores, le era odiosa. Cierto día, comiendo a la mesa del padre Berton, los profesores, que habían observado ya varias veces la susceptibilidad nacionalista de su discípulo, fingieron hablar mal de Paoli. El joven, rojo de ira, no pudo contenerse.
—Paoli —dijo—, es un gran hombre que ama a su país como un antiguo romano y jamás perdonaré a mi padre, que fue su ayudante de campo, el haber contribuido a la anexión de Córcega a Francia: debió seguir la suerte de su general y caer preso con él.
Al cabo de cinco años el joven Buonaparte había aprendido todas las matemáticas que el padre Patrault podía enseñarle. Su edad era la idónea para pasar de la Escuela de Brienne a la de París, sus notas eran buenas y el informe fue emitido al rey Luis XVI por M. de Keralio, inspector de escuelas militares: