Napoleon
Napoleon SombrÃo preludio del 10 de agosto, llegó el 20 de junio. Los dos jóvenes se habÃan dado cita para almorzar en un restaurante de la calle de San Honorato; y ya iban a levantarse de la mesa, cuando algo les atrajo a la ventana: un gran tumulto proferÃa gritos de «¡Ça ira! ¡Viva la nación! ¡Vivan los descamisados! ¡Abajo el veto!». Era una muchedumbre de entre seis y ocho mil hombres, conducidos por Santerre y el marqués de Sainte Hurugues, que venÃan de los arrabales de San Antonio y Saint-Marceau y se dirigÃan a la Asamblea.
—Sigamos a esa caterva —dijo Buonaparte.
Los dos jóvenes se encaminaron hacia las TullerÃas y se detuvieron en el terraplén que hay orillas del rÃo; Buonaparte se apoyó contra un árbol y Bourrienne fue a sentarse en un parapeto.
Desde allà no veÃan lo que pasaba, pero adivinaron fácilmente lo que habÃa ocurrido cuando se abrió una ventana que daba al jardÃn y vieron a Luis XVI asomarse con la cabeza cubierta de un gorro frigio que un hombre del pueblo acababa de ponerle con la punta de una pica.
—¡Coglione! ¡Coglione! —murmuró en corso, encogiéndose de hombros el joven teniente, que hasta entonces habÃa permanecido mudo e inmóvil.
—¿Qué querÃas que hiciera? —dijo Bourrienne.